Caso 3 - Entregándose al fuego
Sus ojos escuchaban los pasos
pero era sabido que fallaría
al intentar secuestrar las claves
del candado plano
que cuida celosamente
las puertas de la percepción.
Él, que de eremita sabía decantado
no recordaba haber enfrascado
los designios en sol
de asegurarse un hilo rojo atado
pero esos ojos escuchaban todo
y no tuvo mas remedio
que dividirse el alma en dos
en otra canción
que cantarían las féminas manos
de una amante sin corazón.
Así fue como entregándose al fuego
lograron salvar sus corazones
una noche de invierno
disfrazados de algodón.
En el reflejo del agua
es todo lo que pude ver hoy...
Y aún hay más...
S
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