El observador
Bajo una mirada pausada, tácita, anclada
el dueño de todas las cosas me observaba
y perplejas fueron sus atiborradas lágrimas
que no podía evocar aquellas viejas palabras
que todo lo curaban.
Con el tiempo, las cosas fueron calmadas
por sobre todas las otras cuestiones
que nada traen al nombrarlas
y nada de lo que hayan navegado
estos barcos de madera, de palos, velas,
de cuerdas sueltas, cortadas
bajo el oscuro mar de lo que nos es dado
a cambio de nada
pueden olvidar las lágrimas
de aquel viejo observador
que detrás de todo danza esperando...
esperando que todo regrese
al lugar que tanto ama
a quién ama.
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